Por Héctor Edgardo Massarotti

Así como destacamos en el post anterior la inoperancia del periodismo en general, rescatamos algunas voces que más allá de que compartamos o no todas sus posturas, aportan un grado de coherencia y responsailidad frente al conflicto productores-gobierno. El análisis que ofrecemos a continuación fue escrito para Análisis Digital.
Sólo deseo aportar una reflexión más, como simple ciudadano que en su búsqueda de una patria, justa libre y soberana, tuvo la oportunidad de participar de diálogos intersectoriales (aun entre concepciones contrapuestas) e incluso la de sobrellevar agudas contradicciones. Hay que desbrozar el camino, no simplificar el análisis, sino abordar su complejidad. No todo el que tiene una 4×4es un oligarca, ni ejercer la autoridad automáticamente convierte en autoritario a un gobernante. Tampoco todo el que apoya a un gobierno es un mercenario, ni todo el que protesta es un golpista. Tampoco es bueno que se anuncien paros por tiempo indeterminado justo antes de que la Presidenta hable, ni que la Presidenta diga que no hay diálogo si hay paro (más allá de las razones que se puedan esgrimir). Este reduccionismo solo lleva a posiciones irreductibles de las cuales es casi imposible salir.
No nos olvidemos que para reunirse hace falta una dosis de confianza -aunque sea pequeña- y voluntad para resolver los conflictos. Tampoco sirve mentar el diálogo solo para cubrir apariencias, ni los oportunismos que hacen cualquier cosa para llevar agua a su molino.
Hay paradojas, algunas pergeñadas falsamente, como la del campo versus la industria, otras, como la de ver a sectores de izquierda junto a sectores de derecha, para las cuales habrá que analizar sus porqués. Lo mismo vale para los sectores progresistas disociados entre sí.
Hay otras que cuesta remontar, como cuando se mide con distinta vara; si los trabajadores en algún piquete hubiéramos derramado una carga, algunos de los que hoy están en los cortes, nos hubieran lapidado en nombre de la intocable propiedad privada.
O como cuando se privatizó a mansalva, dejando miles de desocupados (los ferrocarriles, por ejemplo, que nos servían a todos los argentinos, trabajadores y productores, de la ciudad y del campo) pocas fueron nuestras voces oponiéndonos. Y no digo esto para echar culpas al hombre “de a pié”, que en todo caso la tienen algunos políticos, empresarios, sindicalistas y otros actores sociales, que fueron ejecutores, cómplices o beneficiarios.
O por qué tanta virulencia de dirigentes que no solo se callaron sino que hasta aplaudieron la dictadura militar que destrozó el aparato productivo y las economías regionales, asesinando a conciudadanos.
O el maniqueísmo de algunos que denostan los piquetes o la huelga, pero sólo si los hacen los trabajadores ocupados o desocupados (reprochan que no tienen imaginación para la protesta, que trae costos económicos, que el derecho de unos termina cuando empieza el de los demás), pero cuando obran así corporaciones “socialmente aceptables”, estos reproches se evitan.
Las paradojas me llevan a formular varias preguntas:
Por qué los jueces no pagan ganancias y el resto sí?
Por qué no se revisan las privatizaciones que tanto daño causaron?
Por qué, si la devaluación siempre implica transferencia de ingresos de los asalariados a los empresarios, no se da vuelta la tortilla?
Por qué el trabajador rural es mal pago, tiene pésimas condiciones laborales y es sobre explotada en uno de los mejores períodos históricos de la actividad agropecuaria?
Por qué, al mismo tiempo que las retenciones móviles, no se posibilitan los créditos del Banco Nación, el subsidio a los fertilizantes, los subsidios para zonas marginales, si todos sabemos que la cadena agraria reúne las características de mercados concentrados en eslabones claves, y son los productores más débiles, los pequeños y medianos, los que padecen el poder de los grupos con posición dominante que les trasladan toda la carga de los mayores costos?
Por qué no nos unimos los sectores populares y le hacemos un piquete a los “grandotes”, a Bunge, a Dreyfus o Cargil?
Por qué el estado nacional no avanza en un esquema de retenciones de la también creciente renta energética, que resulta escandalosamente elevada con un precio del barril de petróleo demás de 100 dólares?
Por qué no se avanza más rápidamente en la reducción de la evasión que la AFIP viene haciendo, ya que, sólo en IVA, Ganancias y Seguridad Social, los más fáciles de evadir, el fisco deja de percibir anualmente casi 55 mil millones de pesos, suficiente para duplicar el monto de todas las jubilaciones y pensiones?
Por qué no se discute una reforma tributaria que alcance a la renta financiera y a las ganancias de capital por compraventa de activos. También la disminución de la carga sobre el consumo y el aumento sobre los sectores de mayor capacidad contributiva?
Por qué no se rediscute la coparticipación federal y se abandona el modelo de Cavallo y compañía que detrajeron recursos a las provincias?
Como se verá, hay mucha tela para cortar y la lista de los porqué puede llegar a ser interminable. Y ciertamente todo es conflictivo.
Pero no hay que esconder bajo la alfombra ni asustarse de las contradicciones entre clases, entre sectores ideológicos o entre intereses económicos, porque así se mueve la Historia. Grave es cuando los movimientos sociales están mudos.
Eso sí, pareciera que se tienen que repensar las formas de actuación en la democracia, como debe darse el debate y la batalla cultural que esto implica para que cada cual sustente su propio proyecto de una manera honesta y legitimada.
Por eso creo que hay que buscar el mínimo denominador común para poder construir el bien común, como dice la Doctrina Social de la Iglesia. Si cada sector tiene cien puntos de reclamos, y de esos, apenas veinte o diez pueden ser acordados con los otros sectores, pues empecemos por esos diez.
Seamos capaces de aceptar que hay aspectos positivos, que hay que profundizar aciertos y corregir errores en las opiniones y acciones de todas las partes, siempre obrando con sentido de comunidad. Quién así no lo entienda, que se haga cargo por poner en riesgo la democracia.
Esto no es una utopía; en nuestra provincia la Asamblea en Defensa de Entre Ríos y su Pueblo logró un amplio consenso en torno a un Programa Multisectorial, el que conviene que volvamos a mirar.
Solo sé que es bueno tener memoria para aprender a ser solidarios en toda ocasión, no únicamente cuando a uno le aprieta el zapato.
Aspiro a una democracia en la que el espacio público sea de todos, donde se pueda expresar -aún con toda la vehemencia- las opiniones, ideologías o intereses diversos. Hoy, aunque todo aparece como revuelto y contradictorio, puede ser un nuevo punto de partida para instalar en el debate político la distribución del ingreso, que es un tema decisivo de la vida social y sin embargo se viene escamoteando hace mucho tiempo.
Me atrevo a ir más allá, hay que rediscutir nuestro destino como Pueblo y Nación.
Depende de todos nosotros. No perdamos otra oportunidad.