El corte de rutas en diferentes lugares del país, promovido por las entidades del campo, mereció en los últimos días un extenso debate en los medios de comunicación y en la sociedad y que solo las Pascuas pudo amortiguar. Las entidades prometen que el lunes, volverán los cortes.
En el medio, la discusión de que si la forma de protesta está bien o está mal, Moyano diciendo que los del campo protesten en el campo porque de lo contrario los camiones los van a pasar por arriba, el gobierno nacional asegurando que no dará marcha atrás con las retenciones, y cierto sector del periodismo y de la sociedad instigando a que los ciudadanos manifiesten su descontento al no poder pasar por los piquetes. Y en el medio, como siempre, las verdades a medias de ambas partes, del gobierno y de las entidades del sector.
Somos opinólogos por excelencia, y ante cualquier hecho o situación, damos nuestra visión de los hechos sin informarnos. Pero ¿qué se esconde realmente detrás de esta protesta?
Acostumbrados a no llamar las cosas por su nombre vivimos rodeados de eufemismos. Decir “La protesta del campo” suena ridículo cuando nuestros campesinos fueron expulsados hacia el cordón industrial de las grandes ciudades o los pueblos más cercanos. Hablar de “Las entidades del campo” también es una patraña, porque a lo largo de su historia no hicieron más que defender sus propios intereses en desmedro de los pequeños productores. Y así nos fue.
Del otro lado tenemos al Estado como principal responsable de entregar el campo a firmas extranjeras, que además despojó a nuestro país del ferrocarril, vínculo de unión de pequeños puelos que hoy luchan por no desaparecer si es que aún existen. Aquí también aparece el Estado como responsale de convertir nuestro territorio en un gran sojal y reforzando el modelo agroexportador con escaso desarrollo industrial y científico.
Resulta paradójico, pero como ciudadanos, depende de donde miremos la realidad tendremos dos mundos diferentes. O bien nos quedamos con el Planeta Soja y con la Soja Solidaria, o con la realidad que todos vemos pero que muchos esconden: inmensos territorios sembrados de soja y desprovisto de habitantes que lo desarrollen en el sentido amplio de la palabra.
Para informarse en:
Cómo se reparte el negocio de la soja
Soja transgénica, crisis en Argentina
